El marketing cumple un rol fundamental en las organizaciones y, de hecho, toda empresa exitosa es dirigida por directivos con un sólido criterio en gestión y marketing.

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Empresarios con mirada social

Empresarios con mirada social

Son personas que buscan integrar las diferentes esferas de su vida: laboral, social y ambiental. Para ello buscan generar negocios inclusivos

La vida es un devenir permanente, una montaña rusa del deber ser, una vorágine que nos fagocita tan rápidamente que muchas veces ni siquiera tenemos tiempo de pensar por qué hacemos las cosas. Ante este panorama, aquellos que logran salir de ellos mismos y tomar contacto con otras realidades y prioridades son los que consiguen atravesar la ardua tarea de reinventarse. Y eso, en el mundo de los negocios, es aún mucho más meritorio.

Son emprendedores o empresarios que eran exitosos en lo suyo, que gestaron empresas, que llegaron a altos cargos en otras y que un día sintieron que eso no era suficiente, que necesitaban hacer algo más para sentirse plenos. Pero no por eso dejaron el mundo corporativo, sino que entendieron que se podían hacer negocios de otra manera, poniendo el foco en las necesidades sociales y en el cuidado del medio ambiente, y utilizando el dinero como un medio para llegar a fines más elevados. Algunos armaron empresas sociales, otros redireccionaron el norte de las que tenían hacia una estrategia de sustentabilidad, y los menos decidieron donar parte de su trabajo a las comunidades más desfavorecidas.

“Los seres humanos somos parte de la Tierra y cuando logramos alinear todas nuestras partes somos mucho más felices: hacer plata para mí, ocuparnos de los demás y cuidar el planeta. Necesitamos nuevas formas organizacionales para poder integrar todas las esferas en el ADN de la empresa. Es pasar del deber ser al ser integrado”, sostiene Pedro Tarak, primer representante de Avina, líder indiscutido de las organizaciones sociales y cofundador de Sistema B, una metodología que promueve la creación de empresas que buscan solucionar problemas sociales y ambientales desde los productos y servicios que comercializan, y también desde sus prácticas laborales, ambientales, las comunidades, los proveedores y diferentes públicos de interés. Este sistema cuenta con 750 empresas B certificadas en el mundo, 55 en América latina y 13 en la Argentina.

¿Pero es realmente sustentable hacer negocios con fines más altruistas? Todos los consultados afirman que sí, aunque los retornos no son los mismos y los tiempos se alargan. Sin embargo, todos confiesan que son más felices ahora que pueden integrar sus diferentes esferas: la laboral, la social y la medioambiental.

“Todos los empresarios en algún punto ponen su corazón en lo que hacen. Los inversores que se suman a financiar empresas sociales lo hacen porque tienen la oportunidad de acompañar a los emprendedores durante todo su proceso. Hay gente que la ve y la invitación es a que otros se sumen. Por suerte hay cada vez más. Uno no le puede cambiar la cabeza a nadie, pero sí le puede mostrar que es posible hacer negocios desde otro lugar”, afirma Margarita Carlés, fundadora de Equitas Ventures, un fondo de inversiones para proyectos sociales y ambientales rentables. Y agrega: “Muchos de los emprendedores de hoy tienen tantas ganas de cambiar el mundo que les falta el hambre de ganar plata. Y lamentablemente todavía es fundamental este aspecto para poder ser sustentables. Esto es lo lindo. Que este mundo todavía necesita del anterior. Lo viejo no está funcionando, pero lo demasiado nuevo tampoco. Hay que conseguir un mejor equilibrio”.

Estos empresarios comprometidos tienen que atravesar numerosos desafíos como la falta de fuentes de inversión para sus proyectos, como la fuerte estructura del mercado y el modelo capitalista que hoy impera en la economía actual, la poca escala y la ampliación de sus grupos de interés al incorporar a las comunidades en las que trabajan, el cuidado del medio ambiente y sus propios empleados. No es un camino fácil: muchos han tenido que invertir todo lo que tenían para perseguir su sueño, han vendido autos o hipotecado sus casas porque creen que vale la pena mostrar que es posible un modelo de negocios más inclusivo y sustentable.

RUPTURA DE PARADIGMA

Esta ruptura de paradigma, que en algún punto dinamita todos los cimientos de la economía, también lleva a replantearse qué tipo de líderes, dirigentes y emprendedores necesita esta nueva sociedad. Luis Astarloa, empresario y consultor, lanzó recientemente su libro Basta de líderes. Necesitamos más pastores, en el que plantea que hay que cambiar el modelo de líderes individualistas por el de pastores que quieran hacer rebaño y permitir que las personas se desarrollen.

“Si el empresario ha tenido la sensibilidad para darse cuenta de que no le alcanza con trabajar para su bienestar y quiere empezar a hacer algo para los demás, ya es positivo. Pero si funda una ONG con el mismo modelo con el que venía haciendo negocios, con el centro puesto en él mismo, no sirve. Si el empresario ve que hacen falta puentes de unión para hermanar a la comunidad, lo celebro. Conozco a muchísimas personas completamente egoístas porque la causa es de ellos y no de la comunidad. Y lo que hay que conseguir es que los proyectos sean de la comunidad”, enfatiza Astarloa.

Para Tarak, las nuevas economías con sentido tienen que tener determinadas características: descentralización de la estructura de mercado, estar basadas en los recursos renovables, conseguir que el residuo pase a ser un insumo, estar basadas en una producción sustentable que proteja la biodiversidad e impulsar una economía de la regeneración.

La crítica que más golpea a este tipo de empresas sociales es que son demasiado idealistas, que están muy concentradas sólo en los logros positivos y que no pueden ganar mucha escala porque no logran adaptarse al sistema capitalista actual. En algún punto serían algo parecido a los microcréditos, que son una herramienta útil y exitosa para conseguir que grupos vulnerables puedan acceder al crédito, pero que nunca van a lograr tener una incidencia significativa en el mercado financiero.

“No creo que necesariamente haya que cambiar el modelo de hacer negocios. Uno aspira a empresas con un mayor grado de responsabilidad y compromiso para generar mejores impactos sociales y ambientales. Pero en algún punto creo que no hay tanto recorrido de este tipo de empresas como para decir qué son el modelo ideal. Es un fenómeno interesante que hay que acompañar y sostener, pero hay que tener en cuenta que un tipo de empresa no se puede adaptar a todos los modelos, escalas y contextos. Estas compañías existen para generar impactos de diferente tipo y éstos tienen que estar balanceados”, dice Gabriel Berger, profesor y director del Centro de Innovación Social de la Universidad de San Andrés.

SER SOCIALMENTE RESPONSABLES

Lo que nadie puede negar es que en el mundo de los negocios se ha instalado la premisa de ser socialmente responsables y que los empresarios tienen un rol privilegiado en la construcción de un mundo más justo y equitativo. En este sentido, cada vez son más las empresas que incorporan la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) en su ADN, los emprendedores que arrancan sus proyectos con fines sociales o las ONG que ingresan al mundo de las empresas sociales porque necesitan ingresos para poder ser autosustentables y dejar de depender de las donaciones. Todos estos nuevos actores van generando un ecosistema diferente que abre nuevas opciones en el mundo de los negocios.

“A medida que un empresario toma contacto con una problemática social aunque lo haya hecho como una oportunidad de negocio, eso lo empieza a movilizar como persona. Esto toca una fibra interna y abre nuevas puertas. Sí es cierto que una empresa con mejores indicadores ambientales y sociales es más competitiva, genera más aliados y más oportunidades. Este tipo de empresas permiten vivir vidas más íntegras y generan más satisfacción. En la gestión empresaria siempre hay posibilidad de mejora. Un empresario que está comprometido va a buscar formas de optimizar el impacto, y eso implica la integración”, acota Berger.

En definitiva, estos nuevos empresarios son personas que toman una decisión sobre cómo quieren encarar sus vidas, integrando todas sus dimensiones. Eligen vivir de forma integrada y al final del día, sentirse satisfechos porque todo lo que hicieron en esa jornada sirvió para mejorar la calidad de vida de otras personas y para mitigar el daño en el medio ambiente.

PERFIL DE LAS EMPRESAS SOCIALES

– Sin fines de lucro
– No hay reparto de dividendos. Se reinvierten las ganancias en la expansión y mejora de la empresa.
– Transparencia
– Priorizan el tener una gestión económica transparente.
– Conciencia ambiental
– Buscan tener un impacto positivo en el medio ambiente.
– Objetivo social
– Su objetivo es la erradicación de problemas sociales y ambientales.
– En beneficio de la comunidad
– Uno de sus valores agregados es trabajar en pos de la comunidad en la que están insertas.
– Sustentabilidad
– Apuntan a tener sostenibilidad económica y financiera.
– Innovación
– A los problemas existentes buscan brindar soluciones innovadoras.
– Largo plazo
– Su horizonte de incidencia es el largo plazo, ya que sus objetivos son más difíciles de conseguir, y por eso los retornos económicos no son inmediatos.
– Foco en los empleados
– Los empleados reciben salarios competitivos con mejores condiciones laborales y obtienen un protagonismo en un medio ambiente productivo que incrementa su autoestima y permite un sentido de empoderamiento.
– Financiamiento
– Generalmente tienen problemas para conseguir fuentes de financiamiento para sustentar sus proyectos.

Fuente: La Nacion